Los Angeles

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Dormir con coyotes” — Crónica de un viaje surreal al corazón de lo absurdo estadounidense

Una noche cualquiera, en medio de la nada, entre Utah y Arizona, dormiste con coyotes. Literalmente. No era una metáfora. Era un desierto real, una oscuridad densa, el silencio solo roto por el aullido de los animales y el eco de tus propios pensamientos. Allí, el calor de día se volvía un frío seco de madrugada, y tú —con tu mochila, tus pegatinas de Massive Brand, y una mezcla entre miedo y fascinación— te dejaste caer a dormir. Nada más.

Pero esa noche era solo un fragmento del viaje. Un viaje por el alma más cruda del oeste americano, entre gasolineras que parecían sacadas de un videojuego post-apocalíptico y pueblos donde los carteles de Trump competían con los de Jesús.

Llegaste a Colorado City, una ciudad que parece una parodia de sí misma: casas de mormones ultraortodoxos, arquitectura entre lo kitsch y lo fantasmal, calles sin farolas, y esa sensación constante de que el tiempo se había quedado congelado en 1985… o en un universo alternativo donde los rednecks gobiernan el mundo.

Y luego, el “gambling”. No por el dinero, sino por la experiencia. Por el absurdo de estar apostando en algún rincón del sur de Nevada, con luces de neón parpadeando y viejos adictos al blackjack que llevaban décadas sin ver el sol. Porque ese era el punto: ver el contraste, vivirlo. La América que no sale en los anuncios de turismo.

En ese viaje pusiste pegatinas de Massive Brand por todas partes: postes oxidados, puertas de baños, máquinas de refrescos en ruinas, señales de carretera. Era como marcar un territorio invisible. Como si dijeras: “yo estuve aquí, y esta es mi forma de quedarme”.

Y entre todo eso, sin querer, hiciste un mapa emocional de lo raro, lo real, y lo que nadie quiere mirar. Dormiste con coyotes, pero despertaste con más claridad que nunca.

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